El fútbol femenino en el último renglón de prioridades para Conmebol


Foto: Nathalia Prieto | Archivo

Muchas confederaciones han definido sus hojas de ruta para las clasificatorias al mundial femenino de Australia y Nueva Zelanda 2023, salvo Conmebol, que como siempre, organizan la Copa América Femenina a última hora y sin mucho interés, como todo a la fuerza.

Es tanta la incertidumbre que muchos países de Sudamérica no saben si el torneo continental se realizará a principios o a mediados de 2022. No quiero que vuelva a pasar como 3 años atrás que la Copa América se jugó como un relámpago en fechas fuera del calendario FIFA.

Hay mucha mezquindad entre los directivos de Conembol, que ya no les importa en algo el desarrollo del fútbol femenino, al punto de quitarles la obligatoriedad a los clubes afiliados a no tener equipos femeninos como condición para jugar Copa Libertadores o Sudamericana.

Y esto se tradujo en el caso puntual de Colombia, de reducir nuestra liga femenina a 12 equipos, un tercio de los clubes afiliados a Dimayor. ¿Y aún así queríamos aspirar a la organización del mundial femenino 2023? Menos mal que no íbamos a pasar ese ridículo frente a la FIFA.

Tanto Brasil como Chile, son las únicas selecciones que no han parado su preparación después del mundial de 2019 y tienen ya establecidos sus objetivos a largo plazo, entre ellos los Juegos Olímpicos. A diferencia de Paraguay, que después de 3 años volvió a jugar un amistoso.

El nivel de nuestro fútbol femenino es más bajo en promedio, o cómo explicar que el País Vasco le haya ganado un torneo triangular a Venezuela y Argentina, cuando estas selecciones podían ir a más y enfrentar a rivales de calidad como Inglaterra o Dinamarca.

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Escribo esto porque hace poco lanzaron la canción oficial de la Copa América masculina 2021, muy polémica por cierto en momentos de crisis para Colombia, un deja vú a lo acontecido 20 años atrás, y para la versión femenina 2022 ni habrá canción oficial, ni actos inaugurales y demás.

Hay una enorme desigualdad también en el tema de premios, mientras el campeón de la edición masculina recibirá millones de dólares, para el femenino solo percibirá unos cuantos miles de dólares por clasificar al mundial y Juegos Olímpicos de un solo golpe.

El hecho es que a 2 años del mundial 2023, no hay idea clara de cómo se jugará la Copa América, si se seguirá haciendo una competencia que dure solo 15 días y no 1 mes como su contra parte masculina, y si habrá fase eliminatoria o se cambiará el cuadrangular final por un hexagonal.

Espero que este bajo interés de Conmebol hacia el fútbol femenino, no se transforme en fracasos y eliminaciones en fase de grupos para nuestros representantes sudamericanos como sucedió en 2019, salvo Brasil. Ni que nos priven de ver a estrellas como Yoreli Rincón o Estefanía Banini, vetadas por sus selecciones por pedir mejores condiciones, para la próxima Copa América.

Si queremos ser potencias mundiales, es hora de evolucionar nuestras competiciones femeninas. Ya se dio un paso al decretarse las Copas América cada 2 años, pero no es suficiente, faltan por mejorarse los sudamericanos juveniles y las Copas Libertadores. Un largo camino con demasiadas piedras.

Como siempre, el fútbol femenino queda en el último renglón de prioridades para la Conmebol, que aún no se repone del FIFA Gate ni sus escándalos posteriores, como aquella final de Libertadores en Madrid y la sanción a Messi por cantarles las verdades a Conmebol en plena Copa América.

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