Supermujer: sin fútbol, Talía trabaja, entrena y estudia todos los días

Foto: Gentileza.

“Esta pandemia nos frenó, quería seguir creciendo futbolísticamente pero este año fue desperdiciado a causa del virus”.

Con esa frase la habilidosa centrocampista del Club Guarani de Paraguay, Talía Valenzuela, daba rienda suelta  a la charla en exclusiva con Fémina Fútbol y expresó sus sensaciones luego de que se suspendiera definitivamente  el campeonato paraguayo de este año.

“Tali” como es conocida por la gran mayoría, fue afectada enormemente por el párate del fútbol porque esto le generaba un dinero extra, aparte de su trabajo principal que es la de enseñar como profesora de Educación Física.

“Yo quería abrir camino, quería ir para arriba y seguir creciendo”, expresa la volante, que a comienzo de año estaba con todas las pilas puestas y tenía en mente hacer una gran campaña con su equipo.

Cuenta que al inicio entró en un estado de desánimo por la situación, pero no se dejó vencer y se puso a entrenar desde su casa a veces en doble y hasta en triple turno.

Su historia es una de las más admirables, puesto que en más de una ocasión fue el sostén de su familia, compuesta por sus padres, una hermana y un hermano. Esa familia que siempre fue su inspiración e impulso para lograr sus objetivos y por la cual luchó incansablemente.

Talia y su familia festejando el titulo conseguido con Cerro Porteño. Foto: Gentileza.

“Dos veces tuve la oportunidad de ir a jugar en el extranjero, gracias a una beca deportiva, pero no podía dejar desamparados a mis papás porque ellos dependían de mí”, contó entre lágrimas.

Esta pandemia no solo la dejó sin fútbol, sino que también la dejó sin su trabajo primordial, la de entrenar a sus alumnos. Todo se tornaba cada vez más complicado para ella, pero desistir no está en el diccionario de su vida y optó por aunar fuerzas y continuar.

En su faceta de docente. Foto: Gentileza.

En Paraguay ya se habilitaron varias actividades, por ende pudo retomar su tarea de poner en forma y alentar a llevar una vida saludable a las personas que confían en su labor.

Actualmente se encuentra brindando sus servicios de preparadora física de manera particular y también en grupo, su larga jornada empieza a las 6:00 de la mañana y se extiende hasta las 20:30 todos los días. A esto se le suma un curso de cocina que culmina en noviembre y el sueño intacto de terminar su formación como directora técnica.

Cocinera

El año anterior también fue muy duro para la mediocampista: en enero junto a una amiga se hicieron de un lugarcito para la venta de hamburguesas caseras y lomitos. “Tuve que hacer algo porque ivai la porte (estaba fea la situación), conseguí con una amiga los materiales y comenzamos a trabajar”, dijo.

Después de unos meses decidió cerrar el negocio, ya que en ese entonces entrenaba con Guarani y con Cerro Porteño (Futsal FIFA), en horas de la noche, lo que le dificultaba proseguir con su emprendimiento gastronómico.

Sus inicios

Desde muy temprana edad fue una apasionada por la pelota e intentaba patear todo a su alrededor, la que más tuvo problemas con eso fue su hermana, quien sufría a causa de que Tali le arrancaba las cabezas a sus muñecas y las comenzaba a patear por toda la casa.

Ese amor innato hacia el fútbol hizo que a los 6 años su padre la llevara a su primer equipo (con varones). Sol de América fue la institución que vio nacer en su escuela el gran talento de Talía que se desarrolló progresivamente con el correr de los años, luego de eso pasó al conjunto de Fomento de Barrio Obrero en la modalidad del fútbol de piso, de ahí fue a Pinozá, siempre jugando con varones.

A los 11 años recaló en filas de Cerro Porteño, siendo primer equipo femenino, donde jugó 8 años y consiguió ser campeona. Su trayecto se vio interrumpido a causa de una lesión que la separó de las canchas por 3 años, cuando defendía los colores de Olimpia.

Pero este tiempo no fue desperdiciado, porque en ese lapso se puso a estudiar en la Escuela de Educación Física, recibiéndose de docente. En el 2018 se vino el tan ansiado retorno: fue Guarani, club que le abrió las puertas a nuevos desafíos, equipo al que sigue defendiendo hasta la fecha. También se alzó con el campeonato con Cerro en la modalidad Futsal FIFA (2019).

Fue convocada a la selección nacional en dos ocasiones en fútbol de campo, pero no logró tener partidos oficiales, mientras que en Futsal FIFA disputó encuentros amistosos con la Albirroja.

Por si todo esto fuera poco, ella no solo se dedicó a un solo deporte, también tuvo su paso por el básquetbol en la Universidad Autónoma de Asunción (UAA) y en Sol de América, jugó handball, tenis e incursionó en la natación. “Mi corazón es futbolero, es lo que más me apasiona, todo lo que hice siempre me volvía a llevar al fútbol”, declara con entusiasmo. 

La profesionalización

Sin desaprovechar la amena conversación, también mencionó los aspectos positivos sobre el proyecto de profesionalización del fútbol femenino paraguayo. “Todo esto es porque nosotras pusimos de nuestra parte, nos hicimos notar, ya sea por conseguir campeonatos o por lo individual, porque muchas jugadoras están afuera representándonos. Y ahora la APF nos está tomando en cuenta, la FIFA por su parte está impulsando a que esto se haga realidad”.

A su vez manifestó su anhelo de que finalmente esto sea netamente profesional y así poder vivir de eso: “La lucha de todas las jugadoras es que todo el plantel de primera tenga un salario digno y no tenga que estar trabajando día y noche, el sueño de toda jugadora (mío), es entrenar y que me paguen por jugar y llegar a eso es la idea”.

Anécdotas

Entre risas revela uno de los momentos más graciosos de su recorrido por las canchas: “Una vez llegué tarde a un partido y me fui corriendo al vestuario a equiparme, entré y miré a mi alrededor, no le conocía a nadie y todos se quedaron mirándome fijamente, ahí me di cuenta de que me había equivocado de vestuario y a los trotes salí a buscar a mis compañeras”.

Otro momento que recuerda con el pecho inflado, es la del campeonato obtenido con Cerro Porteño en la categoría juvenil, luego de haber corrido 18 kilómetros hasta la basílica de Caacupé, este hecho formaba parte de los requisitos para aprobar un examen que le daría la licencia para obtener el título de Profesora en educación física.

“Fue un partido por el campeonato absoluto contra Olimpia, rendí acondicionamiento físico, era a las 5:00 de la mañana y el partido era a las 15:00, entré en el segundo tiempo; el partido iba empatado y mi compañera Angie Delgado llevaba la pelota, yo arrastro la marca  y ella le pega desde fuera del área, golazo, ganamos y yo recibí la copa” rememoró Valenzuela con muchísima nostalgia y satisfacción.

Por: Claudia Blanco (@Claublanco_98)

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